lunes, 13 de abril de 2015

NOS SIGUEN DEJANDO HUÉRFANOS: ADIÓS, CARLOS GAVIRIA DIAZ



De Carlos Gaviria Díaz aprendí un sentido ético de la vida, una comprensión de mi ser moral, el compromiso por una sociedad decente. Lo conocí a los 14 años en el auditorio Benjamín Herrera de la Universidad Libre, y desde ese momento lo seguí con mi juvenil carisma que logró creer gracias a él que era posible comprometerse en un partido político, en un proyecto de país, en la posibilidad de un gobierno de izquierda coherente y en un país decente. Lo acompañé como joven en sus dos campañas presidenciales, que más allá de ser de derechas o izquierdas, siempre fueron por el progreso de la sociedad.

Nunca nadie en un auditorio logró desacreditar sus análisis, un hombre con una claridad mental única, pero sobre todo, con un sentido de lo humano que lo acercó a cada uno de nuestros corazones. No lo llamo maestro, siempre me disgustó un poco el acento zalamero que las personas ponían al referirse a él, pero hoy entendí que sí lo fue, todos íbamos a donde fuera necesario para poderlo escuchar, muchos incluso intentamos tomar nota a todos sus comentarios y apreciaciones, para mí en lo personal siempre fue imposible, Carlos Gaviria fue un maestro, como pocos, porque logró que obreros, albañiles y profesores universitarios por igual escucharan su voz, entendiera sus ideas de país, y lograron encontrar en él un verdadero líder del espíritu de cambio que buena parte de las personas guardan en sí mismos.

Qué nos queda de él, su inmensa herencia como magistrado de la Corte Constitucional de Colombia, su espíritu liberal, demócrata, garantista y progresista que transformó de forma irreversible al país. Ni siquiera su más oscuro alumno, Álvaro Uribe Vélez logró desacreditar la herencia que el país recibió de esa primer Corte Constitucional que logró darnos un salto a la modernidad, nos libró un poco del oscurantismo godo y conservador que nos consume como sociedad desde los tiempos de Rafael Núñez y Laureano Gómez. Sin embargo, hoy con su muerte nos ha dejado huérfanos un poco más, ante un partido que ya ha muerto sin su liderazgo, que fue como el tango de Goyeneche, flor de un día, y es que se va dejándonos en manos de inquisidores cavernarios como Alejandro Ordoñez Maldonado, nos deja su recuerdo, sus enseñanzas, sus ideas. Adiós, maestro.




HACER POLÍTICA CON EL HAMBRE AJENA



Jóvenes universitarios hacen parte de diversas obras de caridad por todo el territorio nacional, empiezan sus carreras políticas gestadas a partir del clientelismo y la dependencia que genera la ayuda social, así inicia la historia de la empanada y la lechona en las campañas electorales. Se trata de jóvenes en su mayoría acomodados que considerar que tienen una responsabilidad con la sociedad, usualmente establecen organizaciones de caridad que “dignifican” la existencia de las personas, claro está, todas ellas en situación de vulnerabilidad y por supuesto, sin dar soluciones estructurales a los grandes problemas sociales que se evidencian a simple vista.

Hasta éste punto nada hay de malo en la solidaridad desinteresada que puede llevar el hecho de dar de comer a aquel que no tiene con qué, donar ropa, juguetes o medicamentos a aquella población que por razones de la vida se enfrenta a difíciles condiciones de existencia, sin embargo, estos jóvenes altruistas esconden detrás de sus benefactor espíritu, militancias políticas y religiosas, reforzando aún más la dependencia de estas personas a las méndigas ayudas que les son entregadas, a cambio, estos jóvenes validan socialmente su “interés” por una sociedad más justa e igualitaria, apalancan mediante sus donaciones lo que será en el futuro una rentable carrera política.

El asunto es grave, estos jóvenes son al parecer el futuro político de nuestra sociedad, esto quiere decir que las mismas mañas de nuestros políticos actuales, de ir a la barriada acompañados de juguetes o comida en época  de elecciones está siendo clonada por los nuevos líderes que replican el absurdo modelo de dependencia a la ayuda estatal, o privada de las comunidades y personas menos favorecidas. En vez de ayudar a fortalecer su autosuficiencia económica, o idear soluciones estructurales a problemas sociales como la mendicidad o el abandono de los adultos mayores, se limitan a mantener a su clientela política, dándoles el diario para crear vínculos de necesidad.

Mientras tanto, llenan las redes sociales con fotos de sus “desinteresadas” jornadas de trabajo con las comunidades, se trata de una porno-miseria que da votos, es hacer campaña con el hambre ajena, y es que los pobres dan votos, y posar de amigo del necesitado, sin lugar a dudas es una buena inversión para el futuro. Por tal razón, seguimos en la profunda orfandad que aquí nos tiene, presos de un cándido sistema de clientelas y dependencias.


RAMA JUDICIAL DEL PODER PÚBLICO: EN LIQUIDACIÓN



Cada quien puede ir por el pedazo que quiera de la Rama Judicial, alguien seguramente ya pensó en vender por kilos las toneladas de papel que se arruma sin control en los despachos judiciales, otros, estarán interesados en las sonoras togas de los jueces y magistrados para rentarlas en alguna tienda de disfraces, pero debo advertir, si algún ingenioso pensó en llevarse los computadores, les diré que son arrendados en su mayoría porque en su momento prefirieron no comprar equipos nuevos. Lo cierto, es que la Rama Judicial está en liquidación, perfectamente podría invertirse esa plata en primas técnicas y cupos indicadores para los senadores, al fin y al cabo, no hay razón legítima para privar a buena parte de nuestros legisladores de sus connaturales coimas en éste difícil escenario de déficit presupuestario.

Lo curioso de éste asunto es que durante los dos siglos de vida republicana el país ha sido gobernado mayoritariamente por abogados, sin embargo pareciera que una de las funciones públicas con menor eficiencia es la administración de justicia. Y es que el problema es grave, un país con impunidad crea escenarios permanentes de violencia, cuando un Estado no es capaz de ejercer su poder de impartir justicia, le ésta mandando un mensaje a la sociedad de tal inoperancia que genera un malestar social, esa sensación de desprotección que deriva en que las personas ya no buscarán justicia ante los jueces, sino que preferirán hacerlo por su propia mano. Incluso, las normas han perdido su función disuasoria porque buena parte del país ya sabe que iniciar un proceso es un periplo que difícilmente llega a sentencia, y que es aún más utópico pensar en el cumplimiento de las órdenes impartidas por los jueces de la república después de años de proceso.

En el frontón de la Corte de Nueva York hay una frase concreta y contundente “El pilar más firme para un buen gobierno es la recta administración de justicia”, para el caso colombiano, además de la lentitud de la Rama Judicial, generada por abogados y jueces incompetentes, por excesivos trámites creados para asuntos que podrían solucionarse de manera simple, la reducción en las plantas de personal de los despachos, y en fin, el volumen mismo del trabajo, una de sus principales causas es la compleja cadena de favores, privilegios y relaciones sociales que median ante cada nombramiento de un cargo, tal y como sucede con el Magistrado Pretelt, ternado por Álvaro Uribe Vélez, ocurre en los Tribunales Superiores, y alcanza hasta al juzgado promiscuo del pueblo más recóndito de Colombia, una vez llega el funcionario a su cargo se incrustará allí y pretenderá obtener la mayor cantidad de beneficios con una menor cantidad de trabajo, dicha situación se da especialmente en casos de jueces y magistrados que se recargan en sus empleados y aparecen en el despacho la mayoría de las veces tan solo los días que hay audiencia, aunque al menor problema, buscarán un aplazamiento para salir del paso y no atender el problema.


En conclusión, se trata de muchos problemas generados por diversas causas, pero si no encontramos la manera de solucionarlo, si no le damos dignidad a la justicia, si la cantina del pueblo es más grande que el despacho del juez, seguiremos teniendo infinidad de problemas que parecieran no tener solución, y es que en medio del desorden en el que vive la administración de justicia aparecen personajes de la calaña de De La Espriella o de Pretelt, que aprovechan la ocasión para sacar ventajas, jugando con un sistema que no sabe a cuál problema debe atender primero. Nuestra justicia carece de dignidad, y al parecer ni siquiera las leyes de la física tienen eficacia en este rincón macondiano del mundo, y es que entre tanto abogado uno se confunde, y es que ante tanta realidad, uno se agobia. 

JORGE ENRIQUE ROBLEDO: DE COHERENTE A FUNDAMENTALISTA



Jorge Enrique Robledo es un político de una brillantez única que se acompaña con una esmerada elocuencia. Sus debates en el senado lo han convertido en un antagonista permanente de los gobiernos de turno, poniendo en jaque a ministros que nerviosos no tienen de otra sino aceptar la crudeza de las cifras que simplemente no se puede desmentir. Fui elector del senador, y por tal razón me siento aún más legitimado para decir que hace un par de años, obcecado por la militancia, creí en un proyecto de país planteado por la izquierda democrática, con Carlos Gaviria a la cabeza, y el senador Robledo a la vanguardia.

Esos años de esperanza resultaron ser los mismos lustros en los que Jorge Enrique Robledo dio su apoyo incondicional a la campaña de Samuel Moreno Rojas a la alcaldía de Bogotá, fueron los mismos años en los que prefirió censurar la postura de Gustavo Petro, quien vio en la evidente corrupción que se consumía a la ciudad una posibilidad de impulsar su candidatura, pero que no encontró en el Polo un apoyo que asumiera con algo de dignidad la catástrofe que fue no saber escoger a una persona honesta para administrar los designios de la capital.

Hoy día, el senador Robledo sigue siendo en su actuar político un hombre sin mayores tachas, pero que difícilmente podría gobernar porque demostró que más que coherente es un fundamentalista que no entiende de razones, su espaldarazo a Clara López en las elecciones presidenciales, su cercanía con el senador Uribe tan solo para mantener su rol de opositor, su estilo vertical para imponer su verdad, lo aleja del camino de la dignidad y la coherencia, acercándolo peligrosamente a emular la experiencia de la izquierda que solo se ve a sí misma como única opción, ejemplo de ello vive nuestro vecino país.

Valdría la pena preguntarse cuántos proyectos de ley ha cabildeado en más de una década en el senado, pero sobre todo, es necesario interrogarse por sus capacidades como gobernante, porque cuando se gobierna se buscan consensos, no con dogmas de partido, senador Robledo el muro de Berlín ha caído.


martes, 31 de marzo de 2015

LA OTRA GUERRA QUE DESANGRA AL PAÍS



Mientras en la Habana se negocia el fin del conflicto armado con las FARC, y se adelantan conversaciones con el ELN, hay una guerra que no se ha pretendido solucionar, es aquella que le cobra la vida a miles de colombianos como resultado de la intolerancia y la pobreza. Con la muerte del joven de 16 años asesinado por vecinos de un barrio de Bogotá al sorprenderlo robando, se juntan las dos rutas de vida que usualmente los muchachos de las barriadas toman, o la cárcel o el cementerio. Entre la exclusión social causada por la incapacidad del país de generar fuentes de empleo y desarrollo que mejoren la calidad de vida de las personas, los muchachos se ven expuestos a todo tipo de problemas sociales, que incluye el hambre física, y la pobreza mental de vivir entre casas de ladillo pelado y teja de zinc.

Nos acostumbramos ver las montañas de Colombia repletas de pequeñas casas que se convierten en diminutos puntos amarillos por las noches, es allí donde se libra la guerra cotidiana, de cientos de miles de colombianos que luchan por sobrevivir, que recorren la ciudad para llegar a sus trabajos, que dejan a sus hijos en la casa porque no tienen con quién dejarlos. Son esos colombianos que ignoran por completo la existencia de un Estado que nunca llegó, o que solo se representa con la fuerza de la Policía, que resulta ajena y opresiva. Estas personas son las presas fáciles del político en campaña, del distribuidor de drogas, del proxeneta, y por qué no, las presas fáciles de empleadores que ofrecen deplorables condiciones laborales que forzosamente deben ser aceptadas por empleados serviles que deben decidir entre comer o dejarse explotar.

En medio de ello tenemos la pretensión como país de vivir en democracia, no es posible ser una sociedad democrática sin ciudadanos, porque nadie  puede pensar como un ser libre y autónomo con la preocupación acuestas de no tener con qué comer en la noche. Mientras tanto, los programas sociales del gobierno se convierten en paliativos inocuos, que no dignifican a las personas, tan solo les dan un calmante a una vida tan llena de agobios e incomodidades, en las que tan solo queda el camino de intentar ser feliz con poco o mucho, tan solo mantener la vida en medio de la inseguridad que asecha sus vidas es un motivo de alegría, ha de ser por eso que Colombia sigue siento el país más feliz del mundo.

lunes, 16 de marzo de 2015

AQUÍ DEFENDIENDO LA UNIVERSIDAD PÚBLICA “COMPAÑERO”




La pregunta central es ¿Cuántos egresados de las universidades públicas donan parte de sus ingresos al claustro que los educó?, el Estado colombiano invierte 2.2 billones de pesos destinados a sufragar los gastos de matrícula en las 32 universidades públicas del país, sin embargo no es usual encontrar egresados comprometidos con el progreso y la financiación de las universidades de las que egresaron. En muchos casos existe la creencia de que pasar a la U pública da un derecho sobre humano a exigir del Estado atención y trato preferencial, pero lo cierto es que el país aún no termina de atender el grave problema de analfabetismo y baja calidad en la educación básica, media y secundaria, mientras nuestros egresados una vez obtienen el grado, olvidan por completo que se educaron gracias al bajo costo de las matrículas en las universidades públicas.

El problema se agrava con un hecho cierto e innegable, los jóvenes pobres reciben una educación miserable que difícilmente les da los elementos necesarios para acceder a las carreras con mejores salarios, y en muchos caso, quedan completamente excluidos de la educación superior, o se vuelven presa fácil de trampas como la “Fundación Universitaria San Martín”, que tituló impunemente hasta que se hizo evidente la estafa. Aun en éste escenario pareciera que los egresados de las universidades públicas seguimos sin entender que tenemos un deber de reciprocidad con las universidades que nos dieron los instrumentos que nos han permitido un mejor vivir, rápidamente ignoramos a los jóvenes que se ven excluidos de la educación y se enfrentan a una vida de necesidades que replicarán seguramente en  sus hijos, haciendo de esta situación la preservación máxima del ciclo de pobreza.

Mientras tanto, el país sigue invirtiendo importantes recursos en la educación superior sin una orientación específica, bajo la premisa de graduar por graduar, sin priorizar en la baja cantidad de ingenieros que gradúan las universidades en comparación del número de abogados que se reciben año a año, después de 60 años de esfuerzo público en la educación superior pública, aún el beneficio para la sociedad está en entredicho.

@aalvaradobe