Jorge Enrique Robledo es un
político de una brillantez única que se acompaña con una esmerada elocuencia.
Sus debates en el senado lo han convertido en un antagonista permanente de los
gobiernos de turno, poniendo en jaque a ministros que nerviosos no tienen de
otra sino aceptar la crudeza de las cifras que simplemente no se puede
desmentir. Fui elector del senador, y por tal razón me siento aún más
legitimado para decir que hace un par de años, obcecado por la militancia, creí
en un proyecto de país planteado por la izquierda democrática, con Carlos
Gaviria a la cabeza, y el senador Robledo a la vanguardia.
Esos años de esperanza
resultaron ser los mismos lustros en los que Jorge Enrique Robledo dio su apoyo
incondicional a la campaña de Samuel Moreno Rojas a la alcaldía de Bogotá,
fueron los mismos años en los que prefirió censurar la postura de Gustavo
Petro, quien vio en la evidente corrupción que se consumía a la ciudad una
posibilidad de impulsar su candidatura, pero que no encontró en el Polo un
apoyo que asumiera con algo de dignidad la catástrofe que fue no saber escoger
a una persona honesta para administrar los designios de la capital.
Hoy día, el senador Robledo
sigue siendo en su actuar político un hombre sin mayores tachas, pero que
difícilmente podría gobernar porque demostró que más que coherente es un
fundamentalista que no entiende de razones, su espaldarazo a Clara López en las
elecciones presidenciales, su cercanía con el senador Uribe tan solo para
mantener su rol de opositor, su estilo vertical para imponer su verdad, lo
aleja del camino de la dignidad y la coherencia, acercándolo peligrosamente a
emular la experiencia de la izquierda que solo se ve a sí misma como única
opción, ejemplo de ello vive nuestro vecino país.
Valdría la pena preguntarse
cuántos proyectos de ley ha cabildeado en más de una década en el senado, pero
sobre todo, es necesario interrogarse por sus capacidades como gobernante,
porque cuando se gobierna se buscan consensos, no con dogmas de partido,
senador Robledo el muro de Berlín ha caído.

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