lunes, 24 de noviembre de 2014

EL DEBER DE RECIPROCIDAD: Universidad Industrial de Santander

Uno de los eventos más importantes de mi vida es haber estudiado en una de las universidades públicas más prestigiosas del país, por elección propia decidí convertirme en historiador y gracias a la existencia de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Industrial de Santander, pude realizar mis estudios sin necesidad de irme a estudiar a la fría y lúgubre Bogotá.

Por una mínima cantidad de dinero al semestre recibí una educación que no se compara por su calidad con aquello que se recibe en las universidades privadas donde se tienen altísimos costos en todos los servicios universitarios, esto último lo digo con toda la autoridad del caso pues también tuve la oportunidad de acceder a la universidad más costosa de la ciudad donde vivo, claustro donde obtendré en breve el título de abogado.

No puedo ignorar que la UIS tiene problemas, como toda institución pública del país hay corruptos que no merecen estar en la universidad con sus plazas de profesores, estudiantes dedicados con esmero a la destrucción de los escenarios de enseñanza, y funcionarios que difícilmente llegan a cumplir con sus mínimos deberes, sin embargo después de 66 años de fundación la UIS ha formado a miles de colombianos de todos los estratos sociales, y ha cambiado completamente sus existencias, nadie vuelve a ser el mismo después de pasar por los salones de clase de nuestra universidad.

Ahora bien, la UIS ha logrado cambiar la vida de hombres y mujeres de todo el país, formando una élite de profesionales, especialmente ingenieros, que hacen parte de importantes empresas e iniciativas de desarrollo por todo el mundo, sin embargo, ¿qué ha sido de estos profesionales que recibieron de lo público una educación de calidad, con precios irrisorios, por no decir simbólicos, que contaron con garantías para terminar con éxito sus procesos de formación?.

La UIS como buena parte de las universidades públicas en Colombia se cae por pedazos, edificios recién remodelados como el de la Escuela de Ingeniería Eléctrica y Telecomunicaciones ya vuelve a presentar averías y deterioros inconcebibles, la universidad sigue funcionando con una vieja y pequeña biblioteca que no garantiza las condiciones mínimas de preservación de los materiales que la integran, ni tampoco condiciones óptimas de trabajo para sus visitantes.

Así que es momento de preguntarnos: ¿dónde están los egresados que hoy día llevan vidas acomodadas gracias a la educación recibida en la Universidad Industrial de Santander?, ¿Cuál es el monto de donaciones recibidas por la Universidad realizadas por egresados?, ¿Cuántos estudiantes son becados por egresados que se solidarizan con los estudiantes que viven en condiciones de pobreza, o que tienen el mérito para recibir apoyos económicos?, creo que ninguna de estas preguntas recibirá una respuesta positiva, como miembros de la comunidad universitaria  no hemos entendido que debemos devolver lo recibido, compensar el esfuerzo estatal, ayudar a mantener el proyecto y acrecentarlo tanto como sea posible, todos tenemos un deber de reciprocidad que aún no se entiende con claridad. 


@aalvaradobe

domingo, 16 de noviembre de 2014

LA CONTRADICTORIA EXISTENCIA DE LA UNAB


La Universidad Autónoma de Bucaramanga ha sido uno de los proyectos institucionales más importantes del liberalismo santandereano de mediados del siglo XX. La noción de autonomía con la que define su ser como claustro universitario es el elemento más característico de nuestra formación como profesionales, como hombres libres, autónomos, solidarios y fraternos, que ayudan al progreso de la humanidad. 

Sin embargo, este proyecto institucional ha perdido el rumbo, hoy día el criterio económico ha derrotado cualquier criterio de calidad y prestigio, además de patrocinar equipos de fútbol o tener pautas publicitarias en emisoras de música popular para adolescentes, la Universidad ha expandido el número de programas y de estudiantes con la misma infraestructura, con salarios de hambre para los profesores, y sin tener claro qué quiere ser como institución, o la Universidad de élite que forma ciudadanos emprendedores y líderes para esta sociedad, o un instituto de formación técnica que se preocupa más por su flujo de caja, que por la calidad del producto. 

La Universidad agoniza en manos de una administración inconsciente del proyecto de los fundadores, y por agonizar no me refiero a su extinción, sino de su transformación a una nueva institución, amorfa, común, banal, inútil, una institución cuya única función es conferir títulos sin ningún prestigio, sin mayor notoriedad. Es momento de salvar el proyecto de la autonomía y la libertad personal, excluyendo del gobierno institucional a una élite regional que incrustada en la Universidad le quitan cualquier hálito de vida, que no tiene la imaginación, ni la claridad para proyectar a la UNAB como un escenario de ciencia que lidere el necesario proceso de transformación social.