Uno de los eventos más
importantes de mi vida es haber estudiado en una de las universidades públicas
más prestigiosas del país, por elección propia decidí convertirme en
historiador y gracias a la existencia de la Facultad de Ciencias Humanas de la
Universidad Industrial de Santander, pude realizar mis estudios sin necesidad
de irme a estudiar a la fría y lúgubre Bogotá.
Por una mínima cantidad de
dinero al semestre recibí una educación que no se compara por su calidad con
aquello que se recibe en las universidades privadas donde se tienen altísimos
costos en todos los servicios universitarios, esto último lo digo con toda la
autoridad del caso pues también tuve la oportunidad de acceder a la universidad
más costosa de la ciudad donde vivo, claustro donde obtendré en breve el título
de abogado.
No puedo ignorar que la
UIS tiene problemas, como toda institución pública del país hay corruptos que
no merecen estar en la universidad con sus plazas de profesores, estudiantes
dedicados con esmero a la destrucción de los escenarios de enseñanza, y
funcionarios que difícilmente llegan a cumplir con sus mínimos deberes, sin
embargo después de 66 años de fundación la UIS ha formado a miles de
colombianos de todos los estratos sociales, y ha cambiado completamente sus
existencias, nadie vuelve a ser el mismo después de pasar por los salones de
clase de nuestra universidad.
Ahora bien, la UIS ha
logrado cambiar la vida de hombres y mujeres de todo el país, formando una
élite de profesionales, especialmente ingenieros, que hacen parte de
importantes empresas e iniciativas de desarrollo por todo el mundo, sin
embargo, ¿qué ha sido de estos profesionales que recibieron de lo público una
educación de calidad, con precios irrisorios, por no decir simbólicos, que
contaron con garantías para terminar con éxito sus procesos de formación?.
La UIS como buena parte de
las universidades públicas en Colombia se cae por pedazos, edificios recién
remodelados como el de la Escuela de Ingeniería Eléctrica y Telecomunicaciones
ya vuelve a presentar averías y deterioros inconcebibles, la universidad sigue
funcionando con una vieja y pequeña biblioteca que no garantiza las condiciones
mínimas de preservación de los materiales que la integran, ni tampoco
condiciones óptimas de trabajo para sus visitantes.
Así que es momento de
preguntarnos: ¿dónde están los egresados que hoy día llevan vidas
acomodadas gracias a la educación recibida en la Universidad Industrial de
Santander?, ¿Cuál es el monto de donaciones recibidas por la Universidad
realizadas por egresados?, ¿Cuántos estudiantes son becados por egresados que
se solidarizan con los estudiantes que viven en condiciones de pobreza, o que
tienen el mérito para recibir apoyos económicos?, creo que ninguna de estas
preguntas recibirá una respuesta positiva, como miembros de la comunidad
universitaria no hemos entendido que debemos devolver lo recibido,
compensar el esfuerzo estatal, ayudar a mantener el proyecto y acrecentarlo
tanto como sea posible, todos tenemos un deber de reciprocidad que aún no se
entiende con claridad.
@aalvaradobe