La Universidad Autónoma de Bucaramanga ha sido uno de los proyectos institucionales más importantes del liberalismo santandereano de mediados del siglo XX. La noción de autonomía con la que define su ser como claustro universitario es el elemento más característico de nuestra formación como profesionales, como hombres libres, autónomos, solidarios y fraternos, que ayudan al progreso de la humanidad.
Sin embargo, este proyecto institucional ha perdido el rumbo, hoy día el criterio económico ha derrotado cualquier criterio de calidad y prestigio, además de patrocinar equipos de fútbol o tener pautas publicitarias en emisoras de música popular para adolescentes, la Universidad ha expandido el número de programas y de estudiantes con la misma infraestructura, con salarios de hambre para los profesores, y sin tener claro qué quiere ser como institución, o la Universidad de élite que forma ciudadanos emprendedores y líderes para esta sociedad, o un instituto de formación técnica que se preocupa más por su flujo de caja, que por la calidad del producto.
La Universidad agoniza en manos de una administración inconsciente del proyecto de los fundadores, y por agonizar no me refiero a su extinción, sino de su transformación a una nueva institución, amorfa, común, banal, inútil, una institución cuya única función es conferir títulos sin ningún prestigio, sin mayor notoriedad. Es momento de salvar el proyecto de la autonomía y la libertad personal, excluyendo del gobierno institucional a una élite regional que incrustada en la Universidad le quitan cualquier hálito de vida, que no tiene la imaginación, ni la claridad para proyectar a la UNAB como un escenario de ciencia que lidere el necesario proceso de transformación social.
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