miércoles, 8 de octubre de 2014

EL COMPROMISO POR LA PAZ: más allá de la Habana


Escribo con la confianza de ver en unos meses la firma de los acuerdos de paz entre el gobierno nacional y la guerrilla de las FARC, como cualquier colombiano deseo que el país aprenda a vivir bajo el imperio de las leyes y no de las armas, logrando de esta manera un marco de prosperidad y desarrollo. Sin embargo, debo decir que de esta manera no se acabará la violencia en Colombia, debido a la cultura del camino fácil para volverse ricos, tenemos una clase política que consume el erario sin pudor, y una población nacional carente de las más básicas nociones de ciudadanía.

Enriquecerse de un momento a otro, fue uno de los orígenes del bandolerismo en los años cincuenta, que mutó junto a los movimientos guerrilleros agraristas, en lo que hoy día conocemos como la insurgencia colombiana. Medio siglo después, el país sobrevive en medio de una bandada de políticos que reclaman como propio los presupuestos de todas las entidades públicas, con un vigente negocio del narcotráfico, y en especial, con el mismo Estado que ante todo problema se muestra pequeño, ineficaz, incompetente.

Si el país no soluciona el problema de la corrupción y el narcotráfico, la violencia se apoderará nuevamente del país, y retornaremos a un baño de sangre cíclico al que ha estado condenado Colombia, además, será necesario que la administración de justicia actúe, contra los jefes ideológicos y militares de las guerrillas y del paramilitarismo, se deberá dejar espacio a las ideas, no a las personas que tomaron decisiones que atentaron contra las más básicas nociones de dignidad humana.  Lo que preocupa, es que será necesario encarcelar a medio país, a ese país que toleró la corrupción, el paramilitarismo o a la insurrección asesina y expropiadora, si no somos capaces de administrar justicia, volveremos a ver que la violencia nos ganó la partida, que no fuimos capaces de cambiar la historia. 

Alejandro Alvarado Bedoya
@aalvaradobe