lunes, 13 de abril de 2015

RAMA JUDICIAL DEL PODER PÚBLICO: EN LIQUIDACIÓN



Cada quien puede ir por el pedazo que quiera de la Rama Judicial, alguien seguramente ya pensó en vender por kilos las toneladas de papel que se arruma sin control en los despachos judiciales, otros, estarán interesados en las sonoras togas de los jueces y magistrados para rentarlas en alguna tienda de disfraces, pero debo advertir, si algún ingenioso pensó en llevarse los computadores, les diré que son arrendados en su mayoría porque en su momento prefirieron no comprar equipos nuevos. Lo cierto, es que la Rama Judicial está en liquidación, perfectamente podría invertirse esa plata en primas técnicas y cupos indicadores para los senadores, al fin y al cabo, no hay razón legítima para privar a buena parte de nuestros legisladores de sus connaturales coimas en éste difícil escenario de déficit presupuestario.

Lo curioso de éste asunto es que durante los dos siglos de vida republicana el país ha sido gobernado mayoritariamente por abogados, sin embargo pareciera que una de las funciones públicas con menor eficiencia es la administración de justicia. Y es que el problema es grave, un país con impunidad crea escenarios permanentes de violencia, cuando un Estado no es capaz de ejercer su poder de impartir justicia, le ésta mandando un mensaje a la sociedad de tal inoperancia que genera un malestar social, esa sensación de desprotección que deriva en que las personas ya no buscarán justicia ante los jueces, sino que preferirán hacerlo por su propia mano. Incluso, las normas han perdido su función disuasoria porque buena parte del país ya sabe que iniciar un proceso es un periplo que difícilmente llega a sentencia, y que es aún más utópico pensar en el cumplimiento de las órdenes impartidas por los jueces de la república después de años de proceso.

En el frontón de la Corte de Nueva York hay una frase concreta y contundente “El pilar más firme para un buen gobierno es la recta administración de justicia”, para el caso colombiano, además de la lentitud de la Rama Judicial, generada por abogados y jueces incompetentes, por excesivos trámites creados para asuntos que podrían solucionarse de manera simple, la reducción en las plantas de personal de los despachos, y en fin, el volumen mismo del trabajo, una de sus principales causas es la compleja cadena de favores, privilegios y relaciones sociales que median ante cada nombramiento de un cargo, tal y como sucede con el Magistrado Pretelt, ternado por Álvaro Uribe Vélez, ocurre en los Tribunales Superiores, y alcanza hasta al juzgado promiscuo del pueblo más recóndito de Colombia, una vez llega el funcionario a su cargo se incrustará allí y pretenderá obtener la mayor cantidad de beneficios con una menor cantidad de trabajo, dicha situación se da especialmente en casos de jueces y magistrados que se recargan en sus empleados y aparecen en el despacho la mayoría de las veces tan solo los días que hay audiencia, aunque al menor problema, buscarán un aplazamiento para salir del paso y no atender el problema.


En conclusión, se trata de muchos problemas generados por diversas causas, pero si no encontramos la manera de solucionarlo, si no le damos dignidad a la justicia, si la cantina del pueblo es más grande que el despacho del juez, seguiremos teniendo infinidad de problemas que parecieran no tener solución, y es que en medio del desorden en el que vive la administración de justicia aparecen personajes de la calaña de De La Espriella o de Pretelt, que aprovechan la ocasión para sacar ventajas, jugando con un sistema que no sabe a cuál problema debe atender primero. Nuestra justicia carece de dignidad, y al parecer ni siquiera las leyes de la física tienen eficacia en este rincón macondiano del mundo, y es que entre tanto abogado uno se confunde, y es que ante tanta realidad, uno se agobia. 

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