Jóvenes
universitarios hacen parte de diversas obras de caridad por todo el territorio
nacional, empiezan sus carreras políticas gestadas a partir del clientelismo y
la dependencia que genera la ayuda social, así inicia la historia de la
empanada y la lechona en las campañas electorales. Se trata de jóvenes en su
mayoría acomodados que considerar que tienen una responsabilidad con la
sociedad, usualmente establecen organizaciones de caridad que “dignifican” la
existencia de las personas, claro está, todas ellas en situación de
vulnerabilidad y por supuesto, sin dar soluciones estructurales a los grandes
problemas sociales que se evidencian a simple vista.
Hasta
éste punto nada hay de malo en la solidaridad desinteresada que puede llevar el
hecho de dar de comer a aquel que no tiene con qué, donar ropa, juguetes o
medicamentos a aquella población que por razones de la vida se enfrenta a
difíciles condiciones de existencia, sin embargo, estos jóvenes altruistas
esconden detrás de sus benefactor espíritu, militancias políticas y religiosas,
reforzando aún más la dependencia de estas personas a las méndigas ayudas que
les son entregadas, a cambio, estos jóvenes validan socialmente su “interés”
por una sociedad más justa e igualitaria, apalancan mediante sus donaciones lo
que será en el futuro una rentable carrera política.
El
asunto es grave, estos jóvenes son al parecer el futuro político de nuestra
sociedad, esto quiere decir que las mismas mañas de nuestros políticos actuales,
de ir a la barriada acompañados de juguetes o comida en época de elecciones está siendo clonada por los
nuevos líderes que replican el absurdo modelo de dependencia a la ayuda
estatal, o privada de las comunidades y personas menos favorecidas. En vez de
ayudar a fortalecer su autosuficiencia económica, o idear soluciones
estructurales a problemas sociales como la mendicidad o el abandono de los
adultos mayores, se limitan a mantener a su clientela política, dándoles el
diario para crear vínculos de necesidad.
Mientras
tanto, llenan las redes sociales con fotos de sus “desinteresadas” jornadas de
trabajo con las comunidades, se trata de una porno-miseria que da votos, es
hacer campaña con el hambre ajena, y es que los pobres dan votos, y posar de
amigo del necesitado, sin lugar a dudas es una buena inversión para el futuro.
Por tal razón, seguimos en la profunda orfandad que aquí nos tiene, presos de
un cándido sistema de clientelas y dependencias.

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