lunes, 13 de abril de 2015

HACER POLÍTICA CON EL HAMBRE AJENA



Jóvenes universitarios hacen parte de diversas obras de caridad por todo el territorio nacional, empiezan sus carreras políticas gestadas a partir del clientelismo y la dependencia que genera la ayuda social, así inicia la historia de la empanada y la lechona en las campañas electorales. Se trata de jóvenes en su mayoría acomodados que considerar que tienen una responsabilidad con la sociedad, usualmente establecen organizaciones de caridad que “dignifican” la existencia de las personas, claro está, todas ellas en situación de vulnerabilidad y por supuesto, sin dar soluciones estructurales a los grandes problemas sociales que se evidencian a simple vista.

Hasta éste punto nada hay de malo en la solidaridad desinteresada que puede llevar el hecho de dar de comer a aquel que no tiene con qué, donar ropa, juguetes o medicamentos a aquella población que por razones de la vida se enfrenta a difíciles condiciones de existencia, sin embargo, estos jóvenes altruistas esconden detrás de sus benefactor espíritu, militancias políticas y religiosas, reforzando aún más la dependencia de estas personas a las méndigas ayudas que les son entregadas, a cambio, estos jóvenes validan socialmente su “interés” por una sociedad más justa e igualitaria, apalancan mediante sus donaciones lo que será en el futuro una rentable carrera política.

El asunto es grave, estos jóvenes son al parecer el futuro político de nuestra sociedad, esto quiere decir que las mismas mañas de nuestros políticos actuales, de ir a la barriada acompañados de juguetes o comida en época  de elecciones está siendo clonada por los nuevos líderes que replican el absurdo modelo de dependencia a la ayuda estatal, o privada de las comunidades y personas menos favorecidas. En vez de ayudar a fortalecer su autosuficiencia económica, o idear soluciones estructurales a problemas sociales como la mendicidad o el abandono de los adultos mayores, se limitan a mantener a su clientela política, dándoles el diario para crear vínculos de necesidad.

Mientras tanto, llenan las redes sociales con fotos de sus “desinteresadas” jornadas de trabajo con las comunidades, se trata de una porno-miseria que da votos, es hacer campaña con el hambre ajena, y es que los pobres dan votos, y posar de amigo del necesitado, sin lugar a dudas es una buena inversión para el futuro. Por tal razón, seguimos en la profunda orfandad que aquí nos tiene, presos de un cándido sistema de clientelas y dependencias.


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