jueves, 12 de marzo de 2015

ENTRE LA MADRE LAURA Y EL CRISTO DE LAS REGALÍAS




En 1951 bajo la presidencia de Laureano Eleuterio Gómez el “Batallón Colombia” partía a Corea bajo una proclama clara, “defender la noción cristiana de la vida en una cruzada anticomunista”. Hoy día, 60 años después el país sigue muy lejos de la pretendida laicidad del Estado, más que nunca vemos magistrados de la Corte Constitucional pidiendo ayuda al cielo para fallar lo que en derecho ha sido adquirido por la comunidad LGBTI, al Procurador General defendiendo la exaltación de la religiosa antioqueña canonizada por el Vaticano, y al Gobernador de Santander invirtiendo 58 mil millones de pesos de regalías en un Cristo de 33 metros de alto. 

Lo que aún no entendemos como sociedad es que debates como la adopción y el matrimonio igualitario o la plena despenalización del aborto fácilmente podrían ser superados si las decisiones se tomaran en derecho, sin involucrar las convicciones personales en los derechos del otro. El problema principal es que no hemos entendido la importancia del laicismo estatal en la toma de decisiones, nuestros funcionarios desconocen que la separación iglesias – Estado es un imperativo que debe estar presente en todo momento, eso incluye a los gobernantes que en sus actos públicos deben mantener la discreción que sus cargos les impone, tal y como lo fijó aquella Corte Constitucional progresista del año 1994.

Sin un laicismo real, el país seguirá en manos de los profesores de la Universidad de la Sabana quienes sienten que tienen un derecho divino de llamar “enfermos” a nuestros amigos y compañeros de la comunidad LGBTI. De igual forma, tendremos gobernantes que inauguran hospitales, parques, escuelas haciéndose acompañar de arzobispos y curas, tal y como si el poder público se compartiera con el poder carismático de los religiosos, sin distingo de culto o creencia, si en Santander gastamos el dinero de las regalías en obras religiosas, ¿cuántos ejemplos como éste se replican en todo el país?, y con un Procurador que está más cercano de la canonización que del verdadero ejercicio de garante de los derechos humanos, no hay en este caso ninguna investigación disciplinaria contra los responsables, solo queda encomendarnos a Dios y pedir por la salvación de la patria.


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