En 1951 bajo la presidencia de Laureano Eleuterio Gómez
el “Batallón Colombia” partía a Corea bajo una proclama clara, “defender la
noción cristiana de la vida en una cruzada anticomunista”. Hoy día, 60 años
después el país sigue muy lejos de la pretendida laicidad del Estado, más que
nunca vemos magistrados de la Corte Constitucional pidiendo ayuda al cielo para
fallar lo que en derecho ha sido adquirido por la comunidad LGBTI, al
Procurador General defendiendo la exaltación de la religiosa antioqueña canonizada
por el Vaticano, y al Gobernador de Santander invirtiendo 58 mil millones de
pesos de regalías en un Cristo de 33 metros de alto.
Lo que aún no entendemos como sociedad es que debates
como la adopción y el matrimonio igualitario o la plena despenalización del
aborto fácilmente podrían ser superados si las decisiones se tomaran en
derecho, sin involucrar las convicciones personales en los derechos del otro.
El problema principal es que no hemos entendido la importancia del laicismo
estatal en la toma de decisiones, nuestros funcionarios desconocen que la
separación iglesias – Estado es un imperativo que debe estar presente en todo
momento, eso incluye a los gobernantes que en sus actos públicos deben mantener
la discreción que sus cargos les impone, tal y como lo fijó aquella Corte
Constitucional progresista del año 1994.
Sin un laicismo real, el país seguirá en manos de los
profesores de la Universidad de la Sabana quienes sienten que tienen un derecho
divino de llamar “enfermos” a nuestros amigos y compañeros de la comunidad
LGBTI. De igual forma, tendremos gobernantes que inauguran hospitales, parques,
escuelas haciéndose acompañar de arzobispos y curas, tal y como si el poder
público se compartiera con el poder carismático de los religiosos, sin distingo
de culto o creencia, si en Santander gastamos el dinero de las regalías en
obras religiosas, ¿cuántos ejemplos como éste se replican en todo el país?, y
con un Procurador que está más cercano de la canonización que del verdadero
ejercicio de garante de los derechos humanos, no hay en este caso ninguna
investigación disciplinaria contra los responsables, solo queda encomendarnos a
Dios y pedir por la salvación de la patria.

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